Ansibles, perfiladores y otras máquinas de ingenio: ¿qué aparatos inventa Andrea Chapela y por qué funcionan tan bien?

Son diez relatos de ciencia ficción ambientados en una Ciudad de México futura, publicados por Almadía en 2020. Cada uno gira alrededor de un aparato concreto: un filtro que retoca lo que ves, un perfilador que calcula con quién encajas, sistemas para compartir o insertar sensaciones. Ninguno se avería. El conflicto lo pone siempre quien los usa.
El rigor tiene explicación biográfica. Andrea Chapela (Ciudad de México, 1990) es química por la UNAM antes que narradora, y se le nota en cómo trata a sus máquinas: no son magia con cables, son herramientas con especificaciones, con límites y con efectos secundarios previsibles. El manuscrito ganó el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2018 en la categoría de cuento —lo presentó bajo el seudónimo Syringen— y el libro salió dos años más tarde.
¿Qué contiene el libro exactamente?
Conviene aclararlo porque circula mal: no son cuatro novelas cortas, son diez relatos, algunos bastante largos. Estos son los datos duros de la edición.
| Dato | Detalle |
|---|---|
| Autora | Andrea Chapela (Ciudad de México, 1990) |
| Primera edición | Almadía, México, 2020 (ISBN 978-607-8667-84-0) |
| Edición en España | Almadía, junio de 2022 (ISBN 978-84-125205-2-1) |
| Extensión | 216 páginas |
| Número de relatos | Diez |
| Premio | Nacional de Literatura Gilberto Owen 2018, cuento |
El índice, en orden: «90% real», «Ahora lo sientes», «Calculando, recalculando», «Como quien oye llover», «Perfilada», «El colapso de los estados superpuestos», «El último día de mercado», «En el pensamiento», «La persona que busca no está disponible» y «En proceso».
¿Qué es un ansible y por qué da título al libro?
El ansible no lo inventó Chapela. La palabra es de Ursula K. Le Guin, que la usó por primera vez en El mundo de Rocannon (Rocannon’s World, 1966) para nombrar un aparato que transmite mensajes de forma instantánea a cualquier distancia, saltándose el retardo de la luz. Reaparece en La mano izquierda de la oscuridad (The Left Hand of Darkness, 1969) y, sobre todo, en Los desposeídos (The Dispossessed, 1974), donde el fundamento teórico del cacharro es parte de la trama. Orson Scott Card se la tomó prestada después para El juego de Ender (Ender’s Game, 1985).
Poner esa palabra en la portada es una declaración de linaje. Chapela avisa desde el título de en qué tradición se está metiendo, y lo hace con un término que cualquier lector veterano reconoce al instante.
¿Qué hacen los aparatos y qué estropean?
La contracubierta enumera pings, ansibles, lentillas, perfiladores y telones sensoriales, y precisa algo importante: muchos van instalados dentro del cuerpo. No son pantallas que se apagan. Estos son los que están mejor trabajados:
- El telón sensorial, en «90% real». Un filtro de percepción que embellece, corrige y perfuma lo que la protagonista ve de la ciudad. Funciona perfectamente; el problema aparece cuando empieza a fallar y hay que mirar lo de debajo, incluida una ruptura.
- La inserción de emociones, en «Ahora lo sientes». Tecnología capaz de colocar sentimientos que antes no estaban ahí. La pregunta que abre no es si la máquina miente, sino qué queda de un afecto cuando sabes que te lo han puesto.
- El algoritmo afectivo, en «Calculando, recalculando». Una inteligencia artificial que calcula si merece la pena seguir con una cita. El cálculo es correcto; lo que se atrofia es la capacidad de decidir sin él.
- El aro chip, en «El último día de mercado», donde el aparato sirve para controlar y la trama se cruza con la gentrificación y la desigualdad.
- La ciudad anegada de «Como quien oye llover», que no es un aparato pero funciona igual: dos adolescentes, sus deseos y un futuro que el cambio climático ya ha decidido en parte por ellos.
El movimiento se repite en todo el volumen. La máquina cumple su especificación, y precisamente por eso crea un problema que antes no existía. Es exactamente la estructura del relato-problema de Astounding: el robot obedece las Tres Leyes al pie de la letra y de ahí sale el lío.
¿De dónde le viene el rigor?
De la formación y del oficio, en partes parecidas. Chapela estudió Química en la UNAM, hizo un MFA en escritura creativa en español en la Universidad de Iowa y pasó por el taller Clarion West en 2017, la escuela por la que ha pasado media ciencia ficción anglosajona de las últimas décadas. En 2016 obtuvo una beca de Jóvenes Creadores para el proyecto de cuentos que acabó siendo este libro.
Su otro volumen, Grados de miopía (2019), son ensayos que piensan la ciencia desde dentro —se tradujo al inglés como The Visible Unseen (Restless Books, 2022, traducción de Kelsi Vanada)—. En 2021, la revista Granta la incluyó entre los veinticinco mejores narradores jóvenes en español.
¿Es ciencia ficción de la escuela clásica aunque la portada diga otra cosa?
Sí, y sostenemos el argumento. La ciencia ficción de ideas se reconoce por un rasgo: el relato existe para explorar las consecuencias de una premisa, y los personajes son quienes las sufren. Chapela cumple, con dos diferencias respecto a los años cuarenta. La primera, que sus protagonistas no son ingenieros ni diplomáticos galácticos, sino mujeres jóvenes de una ciudad reconocible: Lucy, Catalina, Tina, Luisa, Ruth. La segunda, que el aparato se mide por lo que le hace a una relación, no por lo que le hace a un imperio.
Hay discrepancia entre lectores y merece contarse. Quien viene de la ciencia ficción dura echa en falta más consecuencias técnicas; quien viene de la narrativa contemporánea protesta por lo contrario. Y un par de relatos se quedan en el planteamiento brillante sin llegar a explotarlo del todo: «Ahora lo sientes» es el caso más señalado en las reseñas. El nivel medio del volumen, aun así, aguanta bien la comparación.
¿Por dónde empezar y qué edición buscar?
No lo leas del tirón: diez futuros seguidos se pisan unos a otros. Empieza por «Perfilada» y «Como quien oye llover», que son los dos donde el aparato y la emoción están mejor cosidos, y deja «90% real» para cuando ya le hayas cogido el pulso a la ciudad del libro.
En España circula la edición de Almadía de junio de 2022, 216 páginas, mismo texto que la mexicana de 2020. Es un libro mexicano escrito en mexicano, sin adaptación de vocabulario, cosa que se agradece: parte del efecto está en oír el futuro con ese acento.