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Asimov Ciencia Ficción
Archivo independiente sobre Isaac Asimov, su obra y su legado

Cinco novelas de ciencia ficción escritas en español que llegaron antes que la moda

· El archivero
Libro abierto sobre un escritorio de madera con una lámpara encendida

Hay una idea cómoda que circula desde hace años: que la ciencia ficción en español es algo reciente, que empezó cuando empezaron a traducirse las antologías anglosajonas y que lo de aquí siempre fue una imitación con retraso.

Es falsa, y se cae con cinco libros.

La lista de la que salen estos títulos la publicó el escritor mexicano Alberto Chimal el 29 de julio de 2026: treinta obras de ciencia ficción escritas en español, ordenadas por autor y sin más comentario que llamarlas indispensables. Aquí van cinco de ellas, las del siglo XX cuya primera edición he podido fechar. Las otras vienen en la siguiente entrega.

1940 · La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares

Un fugitivo llega a una isla que cree desierta. Al poco aparece gente: bailan, conversan, se bañan. No le hacen ningún caso. Tampoco parecen verle.

Lo que descubre —y no lo cuento entero, porque el libro dura una tarde y merece leerse sin saber— es una máquina que hace algo que en 1940 no existía ni como palabra. Bioy Casares lo publicó ese año en Losada, en Buenos Aires, con un prólogo de Borges que decía que la trama era perfecta.

Ochenta y seis años después, cada vez que alguien discute si una grabación puede sustituir a una persona, está discutiendo este libro sin saberlo.

1984 · Lágrimas de luz, de Rafael Marín Trechera

Un chaval llamado Hamlet Evans quiere ser poeta. Acaba de bardo a bordo de naves de guerra que someten planetas y los exprimen, escribiendo la versión oficial de lo que ve.

Marín, gaditano, la publicó en 1984, cuando la ciencia ficción española se editaba poco y se respetaba menos. Sigue apareciendo en todas las listas de lo mejor que se ha escrito en el género en España, y no por nostalgia: la idea de un poeta contratado para maquillar una conquista no ha envejecido ni un día.

1993 · La primera calle de la soledad, de Gerardo Horacio Porcayo

Esta es la novela que abre el ciberpunk mexicano. Primera novela de Porcayo, primera edición agotada, reeditada en 1997 por una editorial independiente porque la gente la seguía buscando.

Lo interesante no es que México tuviera su ciberpunk. Es cuándo. Neuromante se publicó en inglés en 1984 y tardó en llegar traducido; mientras tanto, aquí ya se estaba escribiendo lo mismo desde otro sitio, con otras calles y otra clase de miseria.

1994 · Xanto. Novelucha libre, de José Luis Zárate

Un luchador enmascarado. En serio.

Zárate cogió la lucha libre mexicana —máscaras, apuestas, mitología de barrio— y la escribió como literatura fantástica, en 1994, adelantándose a lo que años después se llamaría new weird cuando lo hicieron los anglosajones.

Es el libro de los cinco que más cuesta explicar y el que más rápido se entiende leyendo dos páginas.

1994 · El mundo de Yarek, de Elia Barceló

Lennart Yarek es especialista en vida extraterrestre y lo declaran culpable de genocidio en un planeta llamado Viento. La condena son veinte años de destierro en un mundo pelado, sin nadie. Le dejan un ordenador.

Lo que queda es un libro sobre estar solo con lo que uno ha hecho. Barceló lo publicó en Ediciones B en 1994 y ese mismo año ganó el premio de novela corta de ciencia ficción de la Universidad Politécnica de Cataluña, que durante décadas fue el sitio donde se veía primero lo que venía.

Lo que tienen en común

Ninguno de los cinco es una imitación. Cada uno usa el género para hablar de algo que le tocaba de cerca al que lo escribía: la identidad y la copia, la propaganda de guerra, la ciudad que se pudre, el mito popular, la culpa.

Y ninguno necesitó permiso de fuera para existir. El más antiguo es de 1940, cuando la ciencia ficción todavía no se llamaba así en español.

En la siguiente entrega, el resto del siglo XX de la lista, con las fechas comprobadas una a una.

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