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Asimov Ciencia Ficción
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La ciencia ficción llevaba un siglo preguntando por la conciencia ajena, y miraba al robot

· El archivero
La ciencia ficción llevaba un siglo preguntando por la conciencia ajena, y miraba al robot

El género lleva desde sus inicios dándole vueltas a la misma pregunta con distintas máscaras: cómo sabes que eso de enfrente siente algo. Casi siempre la puso en un robot. Un androide que suplica, una máquina que dice tener miedo, un test que intenta distinguir lo auténtico de lo imitado.

Resulta que el debate serio ha entrado por otra puerta. Un texto firmado ya por 610 científicos y filósofos sostiene que hay una posibilidad realista de experiencia consciente en todos los vertebrados y en muchos invertebrados, y menciona a los cefalópodos, a los crustáceos y a los insectos.

La misma trampa lógica, otro sujeto

El problema es idéntico al que el género lleva un siglo masticando. No tienes acceso a lo que pasa dentro de otro. Solo puedes mirar la conducta, la anatomía y las reacciones, y decidir qué haces con lo que no sabes.

Donde la ciencia ficción solía resolverlo con una prueba definitiva —una pregunta que el impostor no sabe contestar—, estos 610 hacen lo contrario: renuncian a la prueba definitiva y proponen una regla para la duda. Si la posibilidad es realista, actuar como si no existiera es irresponsable.

Por qué esto es más incómodo que un androide

Porque el androide de la novela es uno y está delante de ti. El cangrejo son millones y están en una cadena de producción. La pregunta deja de ser un dilema íntimo entre dos personajes y se convierte en un problema de escala, que es un tipo de problema que la ficción ha tratado mucho peor: qué haces cuando la respuesta afecta a una industria entera.

Lo que el género acertó

No la respuesta, sino la forma de la pregunta. Que lo difícil no es demostrar que algo siente, sino decidir cómo te comportas mientras no lo sabes. Eso es exactamente lo que han firmado estos 610, con la diferencia de que ellos no hablan de una máquina imaginaria sino de animales que existen, que se estudian en laboratorios reales y sobre los que ya se toman decisiones todos los días.

Al final, el examen de conciencia que el género ensayó tantas veces con sus autómatas ha acabado tocando a una mosca.

De dónde salen los datos

El texto de la declaración, la fecha del 19 de abril de 2024 y el recuento de 610 firmantes están tomados de la página oficial de la iniciativa, alojada en la Universidad de Nueva York. Los nombres de quienes la impulsaron y de los primeros firmantes, de esa misma página y de la cobertura publicada tras el lanzamiento.

Conviene repetir una distinción que se pierde en casi todos los resúmenes: la declaración no afirma que los insectos o los peces sean conscientes. Afirma que hay una posibilidad realista de que lo sean y que, existiendo esa posibilidad, ignorarla al decidir sobre ellos es irresponsable. Es una declaración sobre cómo tratar la incertidumbre, no un veredicto sobre quién siente.

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