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«El gusano», de Luis Carlos Barragán: la ciencia ficción rara que sale de Colombia

· revisado el · El archivero
«El gusano», de Luis Carlos Barragán: la ciencia ficción rara que sale de Colombia

Un niño colombiano, a finales de los años setenta, se funde con una niña llamada Sara Ahmed. No lo decimos en sentido figurado. Sus cuerpos se unen, se mezclan, intercambian rasgos y algo de ADN, y cuando se separan ninguno de los dos vuelve a ser exactamente el que era. En la novela a eso lo llaman síntesis. Es la primera vez que le pasa al narrador y, a partir de ahí, se pasa el libro entero buscándola mientras el país entero empieza a hacer lo mismo.

Ese es el arranque de El gusano, de Luis Carlos Barragán, publicada en 2018 en Bogotá por Ediciones Vestigio y reeditada en España por Holobionte Ediciones en noviembre de 2024 (256 páginas). Si te preguntas por qué aparece en tantas listas de ciencia ficción latinoamericana reciente, la respuesta corta es esta: no se parece a nada que venga de fuera, y no lo intenta. Y la advertencia, también corta: es un libro que muerde.

Quién es Luis Carlos Barragán

Barragán nació en Bogotá en 1988. Estudió Bellas Artes en la Universidad Nacional de Colombia y después hizo un máster en El Cairo, en la Universidad Americana, centrado en el arte islámico. Las dos cosas se notan en lo que escribe. Ilustra sus propios libros, y en El gusano los dibujos acompañan al texto como si fueran láminas de un bestiario. Antes había publicado Vagabunda Bogotá, una novela en la que su ciudad ya era un lugar de pesadilla, y después llegarían los relatos de Parásitos perfectos (2021) y la novela Tierra contrafuturo.

Hay un detalle que a este blog le toca de cerca. En 2018, El gusano recibió una mención de honor en el Premio Isaac Asimov de novela de ciencia ficción que organiza el Ateneo de Puerto Real, en Cádiz. Un jurado español leyó aquel manuscrito colombiano lleno de cuerpos fundidos y decidió que merecía quedarse en la conversación.

Qué pasa en la novela

El escenario es una Colombia imaginaria, reconocible y deformada a la vez. Están la pobreza, el conflicto armado y la política de aquellos años, pero atravesados por el fenómeno de la síntesis, que se extiende sin que nadie lo controle. La gente se funde con otras personas y también con otros seres vivos. Aparecen tribus urbanas que lo celebran, grupos que se organizan contra la hibridación, sectas religiosas que le buscan sentido y guerrilleros que mutan como todos los demás.

Mientras tanto, el narrador sigue buscando a Sara. Esa búsqueda es el hilo que te mantiene dentro cuando todo lo demás se descompone. Y al fondo, creciendo sin parar, está el gusano del título: una criatura gigantesca hecha de esa misma lógica de fusión, que no deja de engordar a medida que avanza el libro. No te contamos más, porque buena parte del efecto está en ver cómo lo que empieza siendo una historia de infancia termina teniendo escala de cosmogonía.

Por qué se cita como ejemplo de ciencia ficción que ya no imita

Durante décadas, buena parte de la ciencia ficción escrita en español cargó con una sospecha: que era una versión con acento de lo que se hacía en Estados Unidos. Naves, imperios galácticos, robots, todo con nombres en inglés para que sonara a lo que había que sonar. Hubo excepciones notables, y de algunas hemos hablado aquí, pero la sospecha existía.

El gusano se usa como contraejemplo por tres razones concretas.

Esa tercera línea explica que la novela haya entrado en el mundo académico. La revista Estudios de Literatura Colombiana, de la Universidad de Antioquia, publicó el artículo «Cuerpos difusos. Una lectura queer de tres novelas de ciencia ficción colombiana», que incluye El gusano, y hay otros trabajos que la leen como mitología poshumana. Cuando una novela de 2018 ya tiene bibliografía crítica, algo ha movido.

Lo que la separa de Asimov (y lo que no)

Puede parecer raro reseñar esto en un sitio dedicado a Asimov. Pocas cosas hay más lejos de la prosa limpia de Fundación (Foundation, 1951) que una novela donde los cuerpos se derriten unos en otros. Asimov explicaba; Barragán desborda. Asimov confiaba en que la razón ordenaría el caos; aquí el caos crece hasta tener forma de gusano.

Pero hay un hilo que las une. Asimov imaginó en Fundación y Tierra (Foundation and Earth, 1986) a Gaia, un planeta en el que todas las personas, animales y hasta las rocas comparten una sola conciencia. Lo planteó como una solución elegante, casi serena, discutida en diálogos. Barragán toma una intuición parecida, la de identidades que se mezclan hasta dejar de ser individuales, y la cuenta desde abajo: desde el cuerpo, el miedo, el asco y el deseo. Es interesante leerlas juntas para ver cuánto ha cambiado la manera de hacerse la misma pregunta.

Antes de empezarlo, conviene saber esto

No vamos a venderte El gusano como lectura ligera, porque te mentiríamos. Tiene escenas de terror corporal explícitas, sexualidad sin filtros, violencia política y un ritmo que a veces parece de alucinación. Hay lectores que lo dejan en las primeras cincuenta páginas, y es comprensible. Si vienes de la ciencia ficción clásica y lo que te gusta es entender las reglas del mundo, aquí las reglas se descubren a medias y nunca del todo.

Lo que recibes a cambio es una voz que no se parece a ninguna otra, un mundo que se queda en la cabeza mucho después de cerrar el libro y la sensación de estar leyendo algo que solo podía escribirse desde donde se escribió.

Cómo acercarse

Si quieres probar a Barragán antes de comprometerte con la novela, los relatos de Parásitos perfectos son una puerta más corta a las mismas obsesiones. Si ya tienes claro que te interesa, la edición de Holobionte es la más fácil de encontrar en librerías españolas. Y si te gusta leer con contexto, ten a mano a Gaia: discutir con Asimov mientras lees a Barragán es una de las mejores maneras de entender qué ha pasado con la ciencia ficción en español en los últimos años.

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