«Los pecios y los náufragos», de Yoss: ciencia ficción escrita desde Cuba

El protagonista de Los pecios y los náufragos tiene un oficio que ya quisiéramos: rescata obras de arte que la historia dio por perdidas. Y como en el siglo XXIV existe la cronáutica —el acceso a los siglos pasados—, rescatar significa bajar hasta el momento en que el cuadro todavía existía y sacarlo de allí antes de que arda, se hunda o se pudra. Restos de naufragio. De ahí el título.
La novela es de Yoss, seudónimo del cubano José Miguel Sánchez Gómez, ganó el Premio Luis Rogelio Nogueras de novela de ciencia ficción en 1998 y la publicó Ediciones Extramuros, en La Habana, en el año 2000. Si has llegado a Yoss por las traducciones al inglés de Restless Books, esta no está entre ellas: allí se tradujeron Se alquila un planeta (2001), Súper extra grande (2012) y Condonautas (2013), las tres con mucha más guasa y mucha más ópera espacial. Los pecios y los náufragos va por otro lado.
Qué hay dentro del libro
El mundo que monta Yoss funciona así: en el siglo XXII hubo una última guerra mundial que se llevó por delante al 95 % de la humanidad. Lo que quedó, unos cinco millones de personas, vive doscientos años después repartido en quince ciudades bajo cúpula, cerradas al exterior para que el planeta se recupere sin que nadie lo moleste. Dentro de las cúpulas hay teletransporte, hay viaje temporal y hay recursos materiales sin límite: cualquier cosa que quieras, la tienes.
El Consejo Supremo sostiene que eso es un paraíso, y sobre el papel cuesta discutírselo. El protagonista empieza a sospechar que la cuenta no cuadra, y la sospecha lo lleva hacia los llamados Siglos Cerrados del Terciario, las épocas a las que los cronautas tienen prohibido bajar. A partir de ahí la novela hace dos cosas a la vez: una investigación con su tensión y su desenlace, y una pregunta bastante seria sobre hacia dónde puede ir una especie a la que ya no le falta nada.
Ese planteamiento —abundancia total, ciudadanos protegidos, una autoridad que administra la felicidad y unas zonas del pasado que nadie puede visitar— recuerda a los utopismos incómodos de la ciencia ficción anglosajona, pero está escrito desde un sitio donde la palabra «escasez» no era un experimento mental.
Quién es Yoss
Nació en La Habana el 2 de abril de 1969 y es licenciado en Ciencias Biológicas. En 1988, con diecinueve años, ganó el Premio David —el galardón cubano para autores inéditos— en la categoría de ciencia ficción con el volumen de relatos Timshel. Desde entonces ha ido acumulando premios dentro y fuera de la isla: el Ernest Hemingway en 1993, el Domingo Santos en España en 2005, el Premio UPC en 2010 con Súper extra grande, el Julia-Verlanger francés en 2011.
También es el cantante de Tenaz, una banda de heavy metal, y se presenta en público con la pinta que eso implica: melena, bandana, cuero. En el ambiente literario cubano de los años ochenta y noventa, esa estética tenía un coste social que hoy es difícil de imaginar. Merece la pena tenerlo en cuenta al leerlo, porque explica bastante del tipo de narrador que es: alguien acostumbrado a que lo miren raro y que escribe sin pedir permiso.
Además ha hecho de archivero de su propia tradición. En 2008 coordinó Crónicas del mañana, una antología que recogía cincuenta años de ciencia ficción cubana.
De dónde viene la ciencia ficción cubana
No empieza con Yoss ni mucho menos. La línea que suele trazarse arranca en los sesenta con Oscar Hurtado y Ángel Arango, y tiene su momento fuerte a caballo entre los setenta y los ochenta. Daína Chaviano ganó el Premio David en 1979 con Los mundos que amo. Agustín de Rojas, también biólogo, lo ganó al año siguiente con Espiral, que salió en Ediciones Unión con una tirada corta, de unos dos mil ejemplares. En 1985 publicó Una leyenda del futuro en la colección Radar de Letras Cubanas, y ahí la tirada fue de cuarenta mil.
Esos dos números, dos mil y cuarenta mil, cuentan mejor que cualquier ensayo lo que era publicar ciencia ficción en Cuba: cuando el género entraba en los planes editoriales del Estado, entraba a lo bestia y llegaba a todo el mundo; cuando no, no había manera. Y en los noventa dejó de haber manera para casi todos. El desplome económico tras el final de la Unión Soviética se llevó por delante el papel, la tinta y las imprentas. Escritores que tenían libros terminados pasaron años sin poder sacarlos. Buena parte de la producción de esa década circuló en fotocopias, en revistas de aficionados y, cuando empezó a haber conexión, en formato digital.
Que Los pecios y los náufragos ganase un premio en 1998 y no llegase a las librerías hasta 2000 encaja bien en ese cuadro.
Por qué la escasez se lee distinta aquí
En la ciencia ficción escrita desde países ricos, la abundancia total suele ser el punto de partida y el problema suele ser otro: el aburrimiento, la pérdida de sentido, la máquina que piensa por ti. La escasez aparece como catástrofe, como algo que pasa después de que falle el sistema.
Yoss escribe desde el lado contrario. La escasez no es el desenlace, es el ruido de fondo de toda una vida, y lo que resulta exótico y sospechoso es la abundancia. Por eso su Consejo Supremo no da miedo por lo que prohíbe, sino por lo que reparte. Un lector que ha pasado un apagón de seis horas sabe una cosa que un lector de Boston no sabe: que un sistema que te lo garantiza todo está, por definición, midiendo cuánto necesitas.
Aquí conviene marcar un matiz, porque los lectores discuten sobre esto. Hay quien lee cualquier novela cubana de ciencia ficción como alegoría política, traduciendo cada elemento a un equivalente real: el Consejo Supremo es esto, las cúpulas son aquello. Es una lectura que se defiende sola con Se alquila un planeta, donde la Tierra convertida en destino turístico para extraterrestres pide esa clave a gritos. Con Los pecios y los náufragos se queda corta. La novela se pregunta por la conservación del pasado, por quién decide qué se salva de un incendio y qué se deja arder, y eso funciona igual en La Habana que en cualquier archivo nacional del mundo. Reducirla a una metáfora local es la manera más rápida de no leerla.
Por dónde entrar
Si nunca has leído a Yoss, empieza por Se alquila un planeta: es más accesible, más corta de tramo a tramo —funciona casi como relatos encadenados— y su humor entra solo. Si ya lo has leído y quieres el Yoss serio, el que se sienta a pensar despacio, Los pecios y los náufragos es esa novela.
Buscarla cuesta. La edición de Extramuros es cubana, del año 2000, y no ha tenido reedición en España. Merece la pena pelearse con los catálogos de segunda mano y con las librerías de la isla.
