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Asimov Ciencia Ficción
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La minería submarina lleva un siglo en la ciencia ficción, y sigue sin poder hacerse

· revisado el · El archivero
La minería submarina lleva un siglo en la ciencia ficción, y sigue sin poder hacerse

Hay una idea que lleva en la ciencia ficción desde que existe la ciencia ficción y que todavía no ha llegado a la realidad: bajar al fondo del mar a por los metales que en tierra se acaban.

Aparece en Verne antes que en casi nadie, y luego en toda la edad de oro: colonias submarinas, cosechadoras de nódulos, disputas por parcelas del abismo. En los años cincuenta y sesenta parecía cuestión de una década o dos, igual que las ciudades en Marte.

Setenta años después conviene mirar un caso concreto, porque explica bastante bien por qué algunas cosas no llegan.

El monte Tropic

Es un volcán apagado a unos 500 kilómetros de El Hierro. La cima está a 970 metros de profundidad y forma una meseta de unos 120 kilómetros cuadrados.

Esa meseta está cubierta por una costra de ferromanganeso de tres o cuatro centímetros de espesor. Y dentro de esa costra hay unas 2.670 toneladas de telurio, alrededor del 5 % de las reservas mundiales conocidas, además de cobalto y níquel.

España pidió en 2014 a Naciones Unidas ampliar su plataforma continental al oeste de Canarias. Marruecos ha aprobado leyes internas que redefinen sus límites marítimos. La montaña queda fuera de las 200 millas de los dos.

Por qué no se explota

Aquí está la parte que la ciencia ficción nunca contó bien, porque no es dramática.

No existe el marco legal internacional que permita minar a esa profundidad. No existe tecnología demostrada capaz de retirar una capa de tres centímetros del fondo sin arrasar lo que vive encima. Y hay un tercer motivo, el menos citado y probablemente el decisivo: los trabajos publicados sobre esas costras apuntan a que, con ese espesor y esas leyes de metal, un solo monte submarino difícilmente llegue a ser rentable.

Es decir: puede que el problema no sea que no sepamos. Puede que sea que no compensa.

Lo que la ciencia ficción acertó y lo que no

Acertó en el escenario. Hay montañas submarinas llenas de metales estratégicos y hay naciones peleándose por ellas en foros internacionales. Eso está pasando.

Falló en el motor. En los relatos, la tecnología llega cuando hace falta y entonces se explota. En la realidad, la tecnología puede existir y aun así no usarse nunca porque el balance no sale.

Es el mismo error que con las colonias marcianas y con los coches voladores: se calculó lo que se podía construir y no lo que iba a compensar construir.

El detalle que sí parece de novela

Los montes submarinos son puntos calientes de biodiversidad. La costra que se quiere arrancar es el suelo donde vive algo.

Así que el dilema real no es el de la ficción —quién llega primero— sino otro bastante menos épico: si merece la pena destruir un ecosistema del que apenas se tienen inventarios para sacar un metal que quizá se pueda reciclar mejor en tierra.

Esa historia no se escribió en los cincuenta. Se está escribiendo ahora, en informes.

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