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Multivac: qué acertó Asimov con su ordenador que lo sabía todo (y qué falló)

· revisado el · El archivero
Multivac: qué acertó Asimov con su ordenador que lo sabía todo (y qué falló)

Norman Muller es dependiente en unos grandes almacenes de Bloomington, Indiana, y una mañana de 2008 le dicen que va a votar. Él. Él solo. En todo el país no habrá más papeletas que las respuestas que dé esa tarde, y las preguntas no van de política: van del precio de las cosas, de si le duelen los pies, de cómo le trata el jefe. Con eso basta. Un ordenador del tamaño de un edificio hará el resto y anunciará quién ha ganado las elecciones.

El relato es Sufragio universal («Franchise», 1955) y esa máquina es Multivac, el ordenador que Asimov fue montando a trozos durante veinte años sin escribir nunca una novela sobre él. Visto desde aquí, acertó lo que parecía más raro —los datos de todo el mundo concentrados en un sitio, usados para predecir lo que la gente va a hacer antes de que lo haga— y falló en lo que parecía más fácil: creyó que un ordenador potente tenía que ser un ordenador grande. Aunque, como veremos, hasta en eso se corrigió a sí mismo en un relato de 1956 y luego decidió ignorarse.

Un nombre heredado de una máquina real

Cuando Asimov empezó a usar a Multivac, el referente que tenía delante era el UNIVAC, el primer ordenador comercial estadounidense, entregado en 1951 y famoso al año siguiente por acertar el resultado de las presidenciales antes que los sondeos. De ahí sale todo el ciclo: si un armario lleno de válvulas puede adivinar unas elecciones, ¿qué haría uno mil veces mayor? La respuesta de Sufragio universal es que no necesitaría ni elecciones. Le bastaría con entrevistar bien a un ciudadano representativo. El abuelo de la familia protesta, se acuerda de cuando todo el mundo iba a votar de verdad y nadie le hace demasiado caso.

Los cinco relatos que sostienen el ciclo

Multivac no aparece en un orden, ni en una continuidad, ni en una serie declarada. Aparece cuando a Asimov le hacía falta un ordenador enorme. Estos son los textos que casi todo el mundo incluye:

Relato Primera aparición Qué se juega
Sufragio universal («Franchise», 1955) If, agosto de 1955 La muestra estadística sustituye al recuento
La última pregunta («The Last Question», 1956) Science Fiction Quarterly, noviembre de 1956 La entropía, y una máquina que se encoge
El chistoso («Jokester», 1956) Infinity Science Fiction, diciembre de 1956 Preguntarle a la máquina de dónde salen los chistes
Todos los males del mundo («All the Troubles of the World», 1958) Super-Science Fiction, abril de 1958 Predecir el delito antes de que ocurra
La máquina que ganó la guerra («The Machine That Won the War», 1961) The Magazine of Fantasy & Science Fiction, octubre de 1961 Qué pasa cuando los datos de entrada son basura
Vida y época de Multivac («The Life and Times of Multivac», 1975) The New York Times Magazine, 5 de enero de 1975 Un sistema del que ya no se puede salir

La última pregunta es el que él mismo señalaba como su favorito, y se entiende: dos técnicos medio bebidos discuten en 2061 si la entropía del universo puede invertirse, le pasan la duda a Multivac y la máquina contesta que no tiene datos suficientes para una respuesta con sentido. La misma pregunta y la misma respuesta se repiten durante billones de años, con la humanidad cambiando de forma y la máquina cambiando de nombre, hasta la última línea. Es el relato con el que hay que entrar al ciclo, aunque no sea el primero.

Dónde falló, y por qué el fallo es más interesante de lo que se cuenta

El reproche estándar es la miniaturización. Multivac ocupa kilómetros de sótano, lo atienden técnicos con bata que le llevan la comida a la máquina como a un enfermo, y para hablar con él hay que ir donde está. Mientras Asimov escribía esto, el transistor ya existía desde 1947 y el primer circuito integrado se montó en 1958, justo entre Sufragio universal y Todos los males del mundo. El ordenador personal no aparece en el ciclo. Nunca.

Solo que la enmienda estaba dentro del propio ciclo. En La última pregunta, Multivac deja paso al Microvac, que cabe en una nave, y después al AC Galáctico, una esfera pequeña y brillante cuyo cuerpo real está metido en el hiperespacio. Asimov imaginó la máquina que se encoge y la escondió en el relato más metafísico que escribió; en los siguientes volvió al edificio con válvulas.

Y hay una cosa que sí clavó, y que se cita poco. En Todos los males del mundo, la gente no va a ninguna parte: cada casa tiene su terminal, todo el mundo vuelca sus datos a diario y cualquiera puede consultar a Multivac sus problemas personales. Aparato tonto delante, máquina gigantesca detrás, todo pasando por el centro. Eso no es el ordenador personal: es exactamente la forma que tienen hoy el móvil y los centros de datos. Se equivocó en la carcasa y acertó en la arquitectura.

El otro acierto es el uso predictivo, y da bastante grima. En ese mismo relato Multivac señala a un ciudadano concreto como futuro autor de un crimen y la policía lo detiene antes de que pase nada, con el problema evidente de que nadie puede demostrar su inocencia sobre algo que no ha hecho. El giro final —qué es lo que Multivac quiere realmente— conviene descubrirlo leyendo. La máquina que ganó la guerra añade el contrapeso: la máquina decidía, sí, pero los datos que le metían estaban inventados a ojo por los humanos de la cadena. Sesenta y cinco años después seguimos discutiendo lo mismo con otro vocabulario.

La discusión entre lectores: ¿existe el ciclo?

Hay quien lo trata como una serie, con su cronología interna, y hay quien sostiene que Multivac es solo un nombre reutilizado. La segunda postura tiene los hechos de su lado: el Multivac de 1955 cuenta votos, el de 1958 gobierna la economía mundial, el de 1961 dirige una guerra y el de 1975 es un poder del que la humanidad quiere librarse. No encajan entre sí y Asimov nunca intentó que encajaran, al revés de lo que hizo con los robots o con Fundación. Léelos como relatos sueltos que comparten una obsesión y te ahorrarás buscar coherencias que no están.

La otra discusión es de reparto. Algún día («Someday», 1956) se cuela en muchas listas de Multivac y no lo es: el ordenador de ese relato es el Bardo, un juguete que cuenta cuentos. Conviene distinguirlo, igual que conviene distinguir lo que escribió Asimov de lo que otros escribieron después en su universo.

Por dónde empezar

Tres relatos y en este orden: La última pregunta, Sufragio universal y Todos los males del mundo. Con eso tienes el ciclo entero en menos de una hora de lectura. Si quieres los otros dos, La máquina que ganó la guerra es el más corto y el más redondo de todos.

En español, Sufragio universal y El chistoso están en Con la Tierra nos basta (Earth Is Room Enough, 1957), y La última pregunta y Todos los males del mundo, en Nueve futuros (Nine Tomorrows, 1959). Si prefieres no perseguir antologías descatalogadas, los dos volúmenes de Cuentos completos de Ediciones B los recogen casi todos, y Vida y época de Multivac está en El hombre bicentenario (The Bicentennial Man and Other Stories, 1976). Los títulos cambian según el sello, así que busca por el original si la edición se te resiste.

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