Qué es la psicohistoria de Asimov y qué tiene que ver con la ciencia real
La psicohistoria es la ciencia ficticia sobre la que se sostiene toda la saga de la Fundación. La inventa Hari Seldon y consiste, en resumen, en predecir estadísticamente el comportamiento de poblaciones muy grandes aplicando matemáticas parecidas a las de los gases: no se puede saber qué hará una molécula concreta, pero sí cómo se comportará el conjunto.
Con ella, Seldon calcula que el Imperio Galáctico va a caer, que después vendrán treinta mil años de barbarie, y que interviniendo en el momento justo ese periodo se puede reducir a mil. Todo Fundación (1951) es la ejecución de ese plan.
Las tres condiciones que Asimov puso
Asimov fue cuidadoso y dejó por escrito los requisitos de su ciencia inventada. Son la parte más interesante, porque son también sus límites:
- La población tiene que ser enorme. Suficiente para que los individuos se cancelen entre sí estadísticamente. Seldon habla de la galaxia entera.
- La población no puede saber que se la está prediciendo. Si lo sabe, cambia su comportamiento y la predicción se invalida.
- No pueden aparecer variables fuera del modelo. Nada radicalmente nuevo.
La segunda es una idea notablemente sofisticada para 1951: la predicción se destruye a sí misma si se hace pública. Es el mismo problema que en economía se conoce hoy como crítica de Lucas, formulada en los años setenta.
Asimov rompe su propia ciencia
Aquí está lo bueno. Si la psicohistoria funcionase sin fisuras, la saga sería el relato de un plan que se cumple, y eso no es una novela: es un horario.
Así que Asimov introduce al Mulo, un mutante con capacidad de manipular emociones, en Fundación e Imperio (1952). Un individuo único, imposible de prever, que descarrila un plan de mil años. Es exactamente la tercera condición incumplida, y convierte la saga en algo mucho más interesante: la historia de una ciencia que se equivoca y tiene que corregirse sobre la marcha.
¿Existe algo parecido en la ciencia real?
Sí y no, y conviene separar las dos partes.
Lo que sí existe. Hay disciplinas que hacen algo emparentado con lo que describe Asimov:
- La cliodinámica, impulsada por Peter Turchin desde los años dos mil, busca patrones cuantitativos en la historia: ciclos de inestabilidad política, sobreproducción de élites, presión demográfica. Es la disciplina que más explícitamente reconoce la deuda con Asimov.
- La demografía lleva más de un siglo prediciendo con bastante acierto poblaciones a décadas vista, y es probablemente el ejemplo real más cercano al espíritu de la psicohistoria.
- La epidemiología modela cómo se propaga algo por una población sin necesidad de saber nada de cada individuo.
- La física estadística es, literalmente, la analogía que Asimov usó.
Lo que no existe. Ninguna de esas disciplinas predice acontecimientos concretos con fechas. La demografía acierta con las pirámides de población a treinta años, no con quién ganará unas elecciones. La cliodinámica identifica periodos de riesgo, no sucesos. Y los sistemas sociales tienen una propiedad que los gases no tienen: reaccionan a que los midas. Un gas no lee el informe.
Hay un problema más de fondo. Los sistemas humanos son sensibles a condiciones iniciales de una forma que los hace, en sentido matemático, caóticos. Y en un sistema caótico un error minúsculo de medida se amplifica hasta hacer la predicción a largo plazo imposible en principio, no sólo en la práctica. Se puede predecir el clima de dentro de treinta años, pero no el tiempo del martes que viene dentro de un mes.
Por qué la idea sigue funcionando
Porque no va realmente de predecir. La psicohistoria es la excusa para plantear una pregunta que no ha envejecido: si supieras con certeza que tu civilización va a caer, ¿qué harías con esa información, y quién te ha dado derecho a decidirlo por todos los demás?
Seldon no evita la caída. Ni lo intenta. Decide, él solo y en secreto, acortar el desastre para todo el mundo. La saga entera es una discusión sobre si eso está bien.
Dónde leerlo
Fundación (1951) para la formulación original, Fundación e Imperio (1952) para verla romperse con el Mulo, y Preludio a la Fundación (1988) si te interesa cómo Seldon llegó a ella. Este último es de los libros tardíos y se nota, pero es el que más tiempo dedica a la ciencia en sí.