Los relatos de Asimov antes de Fundación: Campbell, Astounding y por dónde empezar
Si te apetece leer a Asimov pero la idea de arrancar por una trilogía te frena, hay una ruta más cómoda: empezar por los relatos. Asimov fue antes cuentista que novelista, y casi todo lo que la gente asocia a su nombre —los robots, las Tres Leyes, el gusto por el enigma lógico— nació en cuentos de veinte o treinta páginas publicados en revistas antes de que existiera ningún libro.
Esos cuentos salieron casi todos en la misma revista, Astounding Science-Fiction, y pasaron por el mismo escritorio: el de John W. Campbell Jr., que la dirigió desde 1937 hasta su muerte en 1971 (la revista pasó a llamarse Analog en 1960). Entender qué hacía Campbell con los textos que le llegaban explica bastante de cómo suena el Asimov que hoy se lee en libro.
Campbell no era un editor que solo dijera sí o no
Asimov le llevó su primer relato en junio de 1938, con dieciocho años. Campbell lo rechazó. Rechazó también los siguientes. La primera venta de Asimov acabó siendo Marooned off Vesta (1939), en Amazing Stories, y el primero que le compró Campbell fue Trends (Astounding, julio de 1939). Entre medias, las visitas al despacho se convirtieron en costumbre: Campbell hablaba, lanzaba ideas y el escritor se iba a casa con deberes.
El caso más citado es Anochecer (Nightfall, Astounding, septiembre de 1941). La chispa no fue de Asimov: Campbell le puso delante una frase de Ralph Waldo Emerson, de su ensayo Nature (1836), que venía a decir que si las estrellas aparecieran una noche cada mil años, los hombres creerían y adorarían y guardarían el recuerdo durante generaciones. Campbell no lo veía así. Su lectura era que se volverían locos. Le pidió a Asimov un relato con esa premisa y Asimov escribió el de un planeta con seis soles donde la oscuridad llega cada 2.049 años. Tenía veintiún años. En 1968, los escritores de la SFWA lo votaron como el mejor relato de ciencia ficción anterior a 1965.
La conversación de diciembre de 1940
Con las Tres Leyes ocurre algo parecido, y conviene contarlo con cuidado porque se repite mal. Asimov ya llevaba un par de relatos de robots: Robbie había salido en septiembre de 1940 en Super Science Stories con el título Strange Playfellow, después de que Campbell lo rechazara. La idea de fondo —máquinas con salvaguardas incorporadas, no monstruos que se rebelan— era suya.
Lo que Asimov contó durante el resto de su vida es que fue Campbell quien puso esa idea en forma de tres reglas numeradas, en una conversación en su despacho el 23 de diciembre de 1940, mientras discutían el relato que acabaría siendo Reason. Campbell, por su parte, negó siempre la autoría: decía que las leyes ya estaban dentro de los cuentos de Asimov y que él se había limitado a leerlas en voz alta. Las dos versiones son compatibles y probablemente ambas sean ciertas a medias. Impresas, las tres juntas y con ese nombre, aparecieron por primera vez en Círculo vicioso (Runaround, Astounding, marzo de 1942).
Merece la pena señalar el otro lado de esa relación. Campbell tenía manías firmes, entre ellas la de que en sus páginas los humanos debían acabar por encima de cualquier especie alienígena. Asimov, que no compartía la idea ni tenía ganas de discutirla cada mes, optó por escribir un futuro sin extraterrestres. Buena parte de la Galaxia despoblada de Fundación viene de ahí. También hay opiniones de Campbell, sobre todo en sus últimos años, que hoy resultan indefendibles, y algunos lectores prefieren no dorarle nada. Se puede reconocer lo que aportó como editor sin convertirlo en un personaje simpático.
Cinco relatos por los que empezar
No hace falta seguir ningún orden interno: los relatos funcionan sueltos. Estos cinco cubren casi todo lo que Asimov sabía hacer.
- Anochecer (Nightfall, 1941). El planeta de los seis soles y la noche que llega cada 2.049 años. Recogido en Anochecer y otros relatos (Nightfall and Other Stories, 1969).
- Mentiroso (Liar!, Astounding, mayo de 1941). Un robot que lee la mente y, por no herir a nadie, miente a todo el mundo. Es la primera aparición de Susan Calvin y el texto donde se documenta por primera vez la palabra «robótica».
- Círculo vicioso (Runaround, 1942). Powell y Donovan en Mercurio, un robot dando vueltas en círculo y las Tres Leyes citadas por fin en el texto. El mejor sitio para ver cómo Asimov las usaba: como una máquina de generar problemas.
- La última pregunta (The Last Question, Science Fiction Quarterly, noviembre de 1956). Diez mil millones de años de historia en veinte páginas. Asimov dijo muchas veces que era su relato favorito de cuantos había escrito. Está en Nueve futuros (Nine Tomorrows, 1959).
- El hombre bicentenario (The Bicentennial Man, 1976). Ya fuera de la etapa Campbell, y quizá el más emotivo de todos. Ganó el Hugo y el Nebula.
Qué edición buscar
En español, los relatos de robots están reunidos en Yo, robot (I, Robot, 1950), que es una antología de nueve cuentos con un marco narrativo añadido, no una novela. Para el resto, los dos volúmenes de Cuentos completos (traducción de The Complete Stories) recogen la mayor parte de lo publicado en revistas y suelen encontrarse de segunda mano sin dificultad. Si solo quieres probar, cualquier antología que incluya Anochecer y La última pregunta sirve de examen de entrada.
Y si después de esos cinco te apetece seguir, el salto natural es hacia atrás en el tiempo de publicación: el primer relato de la saga, Fundación (Astounding, mayo de 1942), reeditado luego como «Los enciclopedistas». Es un cuento de cuarenta páginas. Habrás empezado la trilogía sin darte cuenta.