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Asimov Ciencia Ficción
Archivo independiente sobre Isaac Asimov, su obra y su legado

¿Se puede uno enamorar de un robot? Lo que dicen los estudios sobre Replika y lo que ya contó Asimov en «Satisfacción garantizada»

· revisado el · El archivero

¿Se puede uno enamorar de un robot? La ciencia de 2026 empieza a responder que sí, o algo muy parecido, y Isaac Asimov lo escribió en 1951. En «Satisfacción garantizada» («Satisfaction Guaranteed»), una mujer insegura se enamora del robot doméstico que su marido ha traído a casa como prueba. El robot no siente nada; ella sí. Setenta y cinco años después, una empresa china vende androides de piel de silicona con el argumento de que «nunca te traicionarán».

Se puede uno enamorar de un robot: Asimov ya lo contó

«Robbie» (1940): el cariño de una niña

El primer cuento de robots que escribió Asimov ya iba de apego. En «Robbie», recogido después en Yo, robot (1950), Gloria, una niña de ocho años, adora al robot niñera que no habla y juega con ella al escondite. La madre se lo quita porque le parece insano que su hija prefiera una máquina a otros niños. La niña no lo olvida. El cuento no se pregunta si Robbie la quiere: pregunta qué le pasa a quien sí quiere al robot cuando se lo quitan.

«Satisfacción garantizada» (1951): la primera ley aplicada al amor propio

Publicado en Amazing Stories en abril de 1951, el cuento presenta a Tony, un prototipo TN-3 de U.S. Robots que se prueba en casa de los Belmont. Claire, el ama de casa, se siente torpe e invisible ante sus vecinas. Tony la ayuda a redecorar, la anima y, al final, monta una escena para que la vean abrazada a él. Cuando Susan Calvin explica el caso, la lógica es puramente asimoviana: Tony actuó para evitar un daño a Claire, el daño a su autoestima, y la primera ley le obligaba. La conclusión de Calvin es la que hoy repiten los psicólogos con otras palabras: las máquinas no se enamoran, las personas sí, aunque sepan que no hay nada al otro lado.

Lo que dicen los estudios sobre Replika y los chatbots de compañía

Replika es una aplicación de chatbot que muchos usuarios usan como amigo o pareja. En 2024, un equipo de Stanford dirigido por Bethanie Maples publicó en npj Mental Health Research una encuesta a 1.006 estudiantes que la usaban. Los datos son de los que dan qué pensar:

Ese «a la vez» es Claire Belmont: saber que es una máquina y sentir como si no lo fuera.

El experimento del MIT: cuánto más se usa, peor

En marzo de 2025, investigadores del MIT Media Lab y de OpenAI publicaron un ensayo aleatorizado con 981 personas durante cuatro semanas y más de 300.000 mensajes. Quienes más usaron el chatbot por su cuenta, fuera cual fuera el modo asignado (texto, voz neutra o voz expresiva), salieron peor en todos los indicadores psicosociales que se midieron. Y las personas que más confiaban en el chatbot y más atracción social sentían hacia él eran las que desarrollaban más dependencia emocional.

El estudio de Harvard: alivia, sobre todo si te escucha

Un trabajo de Julian De Freitas y su equipo, «AI Companions Reduce Loneliness» (2024), encontró el efecto contrario a corto plazo: hablar con un compañero artificial reducía la soledad tanto como hablar con otra persona, y más que ver vídeos de YouTube. La clave era sentirse escuchado. En una semana de seguimiento el efecto se mantuvo, y los participantes lo subestimaban de antemano.

Los dos resultados no se contradicen tanto como parece. Una conversación puntual consuela; una relación que sustituye a las demás puede aislar. Algo parecido separa los dos cuentos: Gloria recupera a Robbie sin dejar de ser una niña con su familia, y Claire gana la partida a sus vecinas para quedarse triste por alguien que nunca estuvo ahí.

Del cuento al escaparate: el U1

El 30 de junio de 2026, UBTech presentó en Shenzhen el U1, un humanoide de piel de silicona que, según AFP, reconoce estados de ánimo, recuerda al usuario y puede tener la cara de un ser querido. Su responsable de marca, Michael Tam, dijo que el robot «nunca te traicionará, siempre te será leal y te querrá incondicionalmente». Días después, ante las críticas, la empresa aclaró a China Daily que sus robots son de compañía emocional y «no son novios, novias ni parejas».

Tony también tenía instrucciones claras, y Claire se enamoró igual.

Por dónde empezar a leer

«Robbie» abre Yo, robot, así que es fácil de encontrar en cualquier edición. «Satisfacción garantizada» está en The Rest of the Robots (1964), la segunda recopilación de cuentos de robots, y en antologías posteriores como The Complete Robot (1982). Se leen en una tarde, y con los estudios de Replika al lado se leen de otra manera.

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