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La Segunda Trilogía de la Fundación: qué escribieron Benford, Bear y Brin y dónde encaja

· revisado el · El archivero
La Segunda Trilogía de la Fundación: qué escribieron Benford, Bear y Brin y dónde encaja

Hay una escena, en la primera de estas tres novelas, en la que Hari Seldon —el matemático del que depende el futuro de la galaxia— está metido en el cuerpo de un simio, corriendo por la selva de un planeta turístico y pasándoselo bien. La escena no dura una página: dura un buen rato. No es un sueño, ni una alucinación, ni una metáfora. Gregory Benford la escribió en serio, con permiso de la familia de Asimov, y forma parte del universo autorizado de la Fundación.

Esa escena resume bien la pregunta que trae aquí a mucha gente. Entre 1997 y 1999 se publicaron tres novelas de la Fundación que Asimov no escribió, firmadas por Gregory Benford, Greg Bear y David Brin. Los lectores las llaman la Segunda Trilogía de la Fundación y, con guasa, «las tres bes». Se sitúan en los años finales de Hari Seldon, entre lo que cuenta Hacia la Fundación (Forward the Foundation, 1993) y el juicio con el que arranca Fundación (Foundation, 1951). Y hacen algo que Asimov dejó a medias: explicar cómo se conectan de verdad los robots, el Imperio y el plan.

Qué hay dentro de cada volumen

Novela Autor y año Cuándo transcurre Qué aporta
Foundation’s Fear Gregory Benford, 1997 Seldon, candidato a primer ministro de Cleón I Las simulaciones de Voltaire y Juana de Arco; la política de Trántor por dentro
Foundation and Chaos Greg Bear, 1998 El año del juicio y la partida hacia Términus El punto de vista de Daneel; la cisma entre robots; los humanos mentálicos
Foundation’s Triumph David Brin, 1999 Los últimos meses de vida de Seldon La Tierra, el pasado borrado y hacia dónde apunta todo

Benford abre con un Seldon que todavía no es un mito, sino un académico al que empujan a un cargo que no quiere. Lo mejor del libro es Trántor: la burocracia, las facciones, la sensación de que un imperio se pudre por conversaciones de despacho. Lo más discutido son las dos inteligencias recuperadas de un archivo antiquísimo, las simulaciones de Voltaire y de Juana de Arco, que discuten entre ellas sobre si una máquina puede tener alma mientras la trama principal espera fuera. Y sí, están los capítulos del cuerpo prestado en Panucópolis.

Bear escribe el más ajustado de los tres, y el que más se parece a leer a Asimov. Sitúa la acción en los días del juicio y cuenta desde dentro lo que en Fundación se ve desde la sala del tribunal. Su protagonista real es R. Daneel Olivaw, cansado, viejísimo y consciente de que su plan se le escapa. Alrededor mete dos piezas que luego se usan mucho: Lodovik Trema, un robot al que un estallido de neutrinos deja libre de la certeza de las Tres Leyes, y Klia Asgar, una chica del sector de Dahl capaz de empujar mentes ajenas. De ahí sale la respuesta a una pregunta que Asimov nunca contestó: de dónde salen los mentálicos de la Segunda Fundación.

Brin cierra, y cierra con ganas. Su Seldon está terminal, apartado del poder, y aprovecha los meses que le quedan para hacer lo que no hizo en toda su vida: preguntar por qué nadie recuerda de dónde vino la humanidad. La novela pone encima de la mesa la radiactividad de la Tierra, los mundos que se apartaron del Imperio y el precio que pagó la galaxia por veinte mil años de estabilidad diseñada.

Las decisiones sobre el canon

Los tres autores se pusieron de acuerdo en un par de cosas antes de escribir, y se nota. La primera: Daneel manda. En Asimov, el robot aparece al final de Fundación y Tierra (Foundation and Earth, 1986) como quien descubre el truco de magia en la última página. Aquí está desde el principio, y no como un benefactor sereno. Es un personaje que lleva milenios tomando decisiones enormes con información incompleta y que empieza a dudar.

La segunda: los robots que quedan no piensan igual. La trilogía inventa un cisma entre los giskardianos, que aceptan la Ley Cero —el bien de la humanidad por encima del de cualquier persona— y los calvinianos, que la consideran una perversión y se atienen a las Tres Leyes tal cual. Es una idea buena porque nace de una tensión que ya estaba en Asimov: la Ley Cero permite que un robot sacrifique a alguien por un cálculo, y eso es exactamente lo que las Tres Leyes querían impedir.

La tercera: la Tierra no se olvidó sola. En los libros de Asimov, la desaparición del planeta de origen de la memoria colectiva es un misterio que se resuelve tarde y de pasada. Brin la convierte en el eje moral de la trilogía, y de ahí tira un hilo hasta Gaia y hasta la elección que Golan Trevize toma al final de Fundación y Tierra.

Dónde discrepan los lectores

El reparto de opiniones es bastante estable: Bear arriba, Brin en medio y Benford abajo, aunque hay quien defiende a Benford precisamente por lo que a otros les molesta. Quien llega buscando prosa transparente y capítulos que avanzan encuentra en Foundation’s Fear un libro que se para a filosofar durante cien páginas. Quien busca ciencia ficción de ideas encuentra ahí lo más ambicioso de los tres.

La objeción de fondo es otra, y conviene decirla: la trilogía explica demasiado. Asimov dejó puertas entornadas, y estos libros las abren todas y encienden la luz. Si te gustaba no saber por qué la galaxia está vacía de alienígenas, o preferías que la Segunda Fundación fuera un misterio de mentalistas sin genealogía, aquí te lo cuentan. Hay lectores veteranos que sostienen que la saga funciona mejor con esos huecos sin rellenar. No les falta razón, aunque el rellenado esté bien hecho.

Y hay que separar siempre las dos cosas. Esto no es Asimov. Es un universo compartido con licencia, como lo fue la trilogía de Caliban que escribió Roger MacBride Allen a partir de 1993 o la antología Foundation’s Friends (1989). Lo que cuentan estos tres libros es coherente con lo que escribió Asimov, pero no lo firmó él y no tiene por qué condicionar tu lectura de los originales.

Qué edición hay en español

Los tres se tradujeron y circulan como El temor de la Fundación, Fundación y caos y El triunfo de la Fundación, publicados en España por Ediciones B a finales de los noventa y principios de los dos mil. Cuesta encontrarlos nuevos: llevan años sin reimprimirse en librería general, así que lo normal es dar con ellos en mercado de segunda mano, en ferias del libro antiguo o en bibliotecas públicas, que suelen conservarlos. Si tienes que elegir por precio, prioriza el de Bear, que es el que se sostiene solo.

Si vas a leerlos, en qué momento

Después de todo Asimov, sin excepción. Necesitas haber leído las dos precuelas de Seldon, la trilogía original, las dos secuelas de los ochenta y, si puede ser, Los robots del amanecer y Robots e Imperio. Sin eso, media trilogía te pasará por encima: son libros escritos para quien ya sabe quién es Daneel y qué pasó en Solaria.

Y si solo vas a leer uno, que sea Foundation and Chaos. Se puede leer justo después de Hacia la Fundación, encaja con el primer capítulo de Fundación sin costuras y contesta la pregunta que más gente se hace al terminar la saga: qué estaba haciendo el robot mientras Seldon montaba su plan.

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