Susan Calvin, la robopsicóloga: los once relatos en los que aparece y en qué orden leerlos

Un periodista de la Prensa Interplanetaria lleva tres días dando vueltas por las oficinas de la U.S. Robots sin sacar una sola línea aprovechable. Cuando por fin consiguen que le reciba la persona a la que ha venido a entrevistar, se encuentra con una mujer de setenta y cinco años que está a punto de jubilarse, que no sonríe y que le contesta a las preguntas como si fueran fallos de diseño. Ese es el marco narrativo de Yo, robot (I, Robot, 1950), y esa mujer es Susan Calvin.
Si vienes de la película o de la serie y esperabas que el protagonista de los robots de Asimov fuera un detective con gabardina, la respuesta corta es esta: el personaje que sostiene toda la serie robótica es una robopsicóloga anciana, malhumorada y brillantísima, que nació en 1982 y murió en 2064 según los datos que da el propio Asimov, y que aparece en once relatos publicados entre 1941 y 1986. No aparece en todos los cuentos de robots —ni siquiera en la mayoría—, pero es la única voz que atraviesa la serie de punta a punta.
Los once relatos, por orden de publicación
Cinco de ellos están en Yo, robot. Los otros seis, dispersos en antologías posteriores. Este es el listado completo:
- «Embustero» (Liar!, Astounding, mayo de 1941). Su primera aparición. Un robot capaz de leer la mente miente a todo el mundo por cumplir la Primera Ley, y Calvin, a la que el relato sitúa en los treinta y ocho, lo destruye por una razón que no tiene nada de científica.
- «Evasión» (Escape!, publicado como Paradoxical Escape en Astounding, agosto de 1945).
- «Pruebas» (Evidence, Astounding, septiembre de 1946). El caso Stephen Byerley: ¿es humano o es un robot? Calvin da una respuesta que sigue siendo el mejor chiste filosófico de Asimov.
- «Pequeño robot perdido» (Little Lost Robot, Astounding, marzo de 1947). Sesenta y tres robots idénticos, uno con la Primera Ley recortada, y Calvin buscándolo.
- «El conflicto evitable» (The Evitable Conflict, Astounding, junio de 1950). El último de Yo, robot y el que abre la puerta a todo lo demás.
- «Satisfacción garantizada» (Satisfaction Guaranteed, Amazing, abril de 1951).
- «Riesgo» (Risk, Astounding, mayo de 1955).
- «Esclavo de galeras» (Galley Slave, Galaxy, diciembre de 1957). Un robot corrector de pruebas acusado de reescribir el libro de un catedrático.
- «Lenny» (Lenny, Infinity Science Fiction, enero de 1958). El único relato en el que Calvin quiere algo.
- «Intuición femenina» (Feminine Intuition, The Magazine of Fantasy & Science Fiction, octubre de 1969). Ya jubilada, la sacan del retiro.
- «Sueños de robot» (Robot Dreams, 1986). Escrito cuarenta y cinco años después del primero. Un robot sueña, y lo que sueña asusta.
Conviene decir lo que no es suyo. «Robbie» (Strange Playfellow, 1940) es la historia de una niña y su robot niñera, y Calvin solo asoma en el marco del libro. Los cuentos de Powell y Donovan —«Círculo vicioso», «Razón», «¡Atrapad ese conejo!»— son de la pareja de ingenieros de campo, no de ella. En Yo, robot parece estar en todas partes porque es quien narra, pero de los nueve relatos solo actúa en cinco.
La biografía que Asimov dejó escrita
El marco de Yo, robot es sorprendentemente concreto con las fechas. Calvin nace en 1982, el mismo año en que Lawrence Robertson funda la U.S. Robots. Entra en Columbia en 2003, se doctora en 2008 y se incorpora a la empresa como robopsicóloga, un puesto que prácticamente se inventa ella. La entrevista del marco ocurre cuando tiene setenta y cinco años, es decir, en 2057. Y el libro se cierra con su muerte en 2064, a los ochenta y dos.
Dentro de esa horquilla, los relatos van avanzando: en «Embustero» es una mujer joven a la que un robot telépata le cuenta lo que quiere oír sobre un compañero de trabajo; en «El conflicto evitable» ya es la autoridad ante la que se sientan los coordinadores del planeta. Los seis cuentos de fuera de Yo, robot se intercalan en ese trayecto, con «Intuición femenina» y «Sueños de robot» claramente en el tramo final. Leídos por orden de publicación, se ve envejecer al personaje casi a la vez que envejecía su autor.
Por qué Asimov necesitaba a alguien así
Los cuentos de robots son problemas de lógica: hay una máquina que se comporta de forma imposible y hay que averiguar por qué sin salirse de las Tres Leyes. Eso exige un personaje que pueda explicar el mecanismo sin que el relato se convierta en una clase. Powell y Donovan servían mientras la avería estuviera en un asteroide y se resolviera a martillazos. En cuanto los fallos empezaron a ser de interpretación —un robot que miente por compasión, uno que se esconde entre sus gemelos, uno que sueña—, hacía falta alguien capaz de razonar sobre el cerebro positrónico igual que un psicólogo razona sobre una persona.
Calvin es esa voz, y funciona porque es antipática. Asimov le da una frialdad que hace creíbles sus diagnósticos, y luego, cada cierto tiempo, deja que se le vea la grieta. El final de «Embustero» no es una deducción: es una venganza. «Lenny» la muestra protegiendo a un robot averiado con una ternura que ella misma no sabría nombrar. Ese contraste es lo que convierte al personaje funcional en un personaje.
La del cine y la que no está en la serie
La Susan Calvin de Yo, robot (2004), la película de Alex Proyas, es una científica joven interpretada por Bridget Moynahan que acompaña a un policía llamado Del Spooner. Spooner no existe en Asimov: el guion arrancó como un proyecto independiente titulado Hardwired y se le pegó encima el título del libro. Que a la protagonista de los relatos la conviertan en la ayudante técnica del héroe no es un desliz de casting, es lo que pasa cuando se adapta un libro de acertijos como si fuera un libro de persecuciones.
Y sobre la serie de Apple conviene aclarar algo, porque mucha gente llega buscándola: Susan Calvin no está en Foundation. La serie adapta la saga de la Fundación, no los relatos de robots. Lo que sí hay es Demerzel, un robot con siglos de servicio a la dinastía imperial, atada a unas leyes que la parten por dentro. Es el otro extremo del mismo experimento: si Calvin es la humana que piensa como una máquina, Demerzel es la máquina obligada a decidir como una humana. Pero si viste la serie y quieres más de esto, el libro que buscas es Yo, robot, no el siguiente tomo de Fundación.
Un aviso más, por si te cruzas con ellas en una librería: existen novelas protagonizadas por una Calvin joven, como Isaac Asimov’s I, Robot: To Protect (2011), de Mickey Zucker Reichert. Están autorizadas por los herederos, pero no las escribió Asimov y no responden ante lo que él dejó fijado.
Por dónde empezar
Léete Yo, robot entero, de principio a fin, sin saltarte el marco: los interludios del periodista son los que convierten nueve cuentos sueltos en la biografía de una persona. Después ve a por «Esclavo de galeras» y «Lenny», que son los dos mejores fuera del libro, y termina con «Sueños de robot». En español todo esto ha ido apareciendo repartido entre El resto de los robots (The Rest of the Robots, 1964), Nueve futuros (Nine Tomorrows, 1959) y las recopilaciones tardías; si quieres los once en el menor número de volúmenes posible, busca la edición de Los robots que traduce The Complete Robot (1982), que los reúne casi todos y además aclara qué relato es de quién.